¿Bolsas gigantes de arroz? Sí. ¿Paquetes de papel higiénico? Sí. ¿Un matisse original? También. Los clientes de la página web de Costco, una gigantesca tienda de ofertas, han podido llenar sus carros de la compra con obras de arte como una litografía de Andy Warhol por 1.349,99 dólares, otra de Marc Chagall por 1.199,99 o una de Henri Matisse enmarcada por 829,99. No hace mucho, los grandes almacenes empezaron a incluir obras de arte en la sección Hogar y Artículos Temporales de su web, además de los habituales comestibles y productos para la casa.

Greg Moors, marchante de San Francisco que suministra las obras a Costco, dice que le inspiró su visión del arte para todos. Según muchos propietarios de galerías y vendedores de arte por Internet, “el negocio es más importante que el cliente”, explica a The New York Times. Pero, con una empresa de renombre como Costco, “el cliente es más importante que el negocio”, precisa.

El mercado artístico, a menudo exclusivo y caro, podría abrirse a más clientes, extendiendo su alcance a las masas a medida que el arte se convierte en algo cotidiano. Artify empezó ofreciendo un servicio de suscripción en California en el que los clientes pueden alquilar obras creadas por artistas locales a cambio de una cuota mensual. Y Artsicle es una nueva empresa de Internet que alquila arte barato y va dirigida a coleccionistas novatos con presupuestos reducidos. “Las galerías han dejado muy claro que no les interesa el comprador joven con un presupuesto de 1.000 dólares”, dice Alex Tryon, de 26 años y fundador de Artsicle, a The New York Times.

Artsicle envía unas 100 obras al mes, y su catálogo de artistas se cifra ya en 150, con 3.000 piezas en su inventario en la Red. Los clientes pagan entre 25 y 65 dólares mensuales y tienen la opción de comprar las obras por un precio que oscila entre los 500 y los 2.500 dólares. “Te permite vivir con una obra de arte a la que de otro modo no le darías una oportunidad”, dice a The New York Times Alexandra Portnova, de 31 años, que vive en Brooklyn y alquiló un cuadro.

Idan Cohen, un inversor de Artsicle, cree que la empresa podría llegar a la gente joven que no tiene acceso al mundo del arte pero quiere algo que quede bien en su casa. “Pensé que el mercado del arte estaba preparado para la innovación y la irrupción”, comenta a The Times.

O solo la comercialización. Puede que el arte esté fuera del alcance del bolsillo de la mayoría de la gente, pero los artistas colaboran cada vez más con empresas de cosméticos para diseñar envases coleccionables de varios precios. Las etiquetas de la loción Crème de Corps de Kiehl’s incluyen reproducciones de una obra de Kenny Scharf. Jeff Koons también ha colaborado con Kiehl’s en el pasado, y Cindy Sherman, Marilyn Minter y Richard Phillips- han diseñado artículos de unos 20 dólares para M.A.C.

La vertiente más lujosa es la edición artística de la botella de Dior para su perfume J’adore L’absolu, hecha de cristal de Murano y diseñada por Jean-Michel Othoniel, con un precio de 3.500 dólares. En cierto modo, todo son pequeñas obras de arte, si no para la pared, al menos para la estantería del cuarto de baño. “Yo acepto el mercado de masas”, señala Scharf a The New York Times. “En los años ochenta detecté una resistencia a las masas y me sorprendió, porque creía que Warhol ya lo había superado en los años sesenta. Parece que por fin ha sido aceptado de nuevo”.

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