Blackberry llegó antes. Ellos fueron los primeros en hacer que al teléfono móvil se le pudiera considerar inteligente. Pasó de ser el favorito de los hombres de negocio al complemento preferido por los adolescentes. RIM, su fabricante, vivía feliz con una envidiable cuota de mercado… hasta que llegó Apple con iPhone y Google con Android. A estos hay que añadir el estreno hace solo dos semanas de Windows Phone 8, la alternativa de Microsoft para no quedarse fuera de este suculento soporte.

Desde hace tres años, la pérdida de mercado ha sido constante. En el último trimestre RIM ha registrado unas pérdidas de 180 millones de euros, a pesar de seguir sumando clientes, de 78 a 80 millones en todo el mundo. En 2010, según la consultora Gartner, sus casi 12 millones de abonados le daban un 14,8% de cuota de mercado. Este verano, según esta misma fuente, no llegaba al 7%.

Blackberry 10 es el nombre del nuevo sistema operativo, llamado a reflotar la compañía con una puesta al día profunda. El 30 de enero se conocerán más detalles. Por el momento se sabe que el estreno será con dos modelos, uno de ellos sin teclas y con grandes facilidades para que los desarrolladores adapten los programas de Android a su plataforma. RIM pretende así poner un parche a la sangría. Si algo se echa en falta en su ecosistema son los programas, especialmente los de terceros, los que no hacen ellos mismos. Las aplicaciones de Facebook y Twitter llegan a rozar el sonrojo por su escasa actualización. Instagram, la red social de retoque fotográfico comprada por Facebook, una de las más populares, ni siquiera existe.

Hace un mes la empresa comenzó a mostrar el prototipo, del que ha distribuido 5.000 unidades, de estética más cercana a la de un ladrillo con una funda de goma que al diseño de cualquier modelo que se vende ahora mismo. Por supuesto no es el teléfono final, pero le ha servido para ganarse a los analistas que lo encuentran como una buena solución para unir el mundo personal y el profesional en un solo aparato.

El siguiente paso es conquistar a las operadoras, encargadas de incluir en su catálogo los nuevos terminales.

Entre sus aspectos positivos está una gestión de batería sensiblemente superior a la de su competencia, un programa de correo veloz y eficiente, muy por encima de lo que ofrecen iPhone o Android, y su adictivo servicio de mensajería instantánea, muy similar a WhatsApp solo que con bastantes opciones de privacidad.

Tenga o no teclado físico el foco se pone en poder escribir a la máxima velocidad. El nuevo software promete adaptarse a la forma de teclear de cada uno. Cuanto más se use, más palabras de uso frecuente propondrá. El navegador web, adaptado ya a HTML 5, el código camino de convertirse en estándar en Internet, presume de velocidad en la carga de páginas.

Aunque quizá el mayor valor esté en lo que han denominado hub, cuya traducción podría ser punto de encuentro, aunque no es más que el equivalente al escritorio del ordenador. Se trata de una pantalla inicial en la que, sin necesidad de desbloquear el teléfono, se puede consultar la agenda, el correo o alertas de redes sociales de un vistazo.

La crisis de Blackberry no se limita a los productos, sino que llega a su cúpula directiva y sus trabajadores. En enero Jim Balsillie y Mike Lazaridis, fundadores y presidentes ejecutivos, dijeron adiós tras más de 20 años, presionados por los inversores. Antes, en junio, tras una caída de ingresos del 43% y del 18% de la acción, RIM prescindió de 5.000 de sus 16.500 empleados. A final de verano una acción viral, simpaticona, quiso cambiar su imagen. Sus ejecutivos aparecían cantando en YouTube. Era su manera de hacer olvidar las malas noticias.

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